domingo, 27 de noviembre de 2016

DIA 4 - MARTES 22 - UNA DE ENREDOS

Clima traicionero? bikini de lana.
Nos levantamos con la rutina del café, cerca del mediodía. El edificio tiene como diez pisos, y el departamento está en el segundo. Las ventanas dan a un cilindro cúbico interno que las palomas y otras especies usan de aguantadero. Uno debe sacar la cabeza por la ventana, estirar el cogote girando la cara hacia el cielo. De ese modo, se obtiene minimamente un dato climático del que aferrarse al momento de elegir la ropa que vas a usar en la calle. Mariela tiene un teléfono al que a veces le habla. Aprieta un botón y pronuncia el siguiente estímulo: "temperatura", ella dice. Y el aparato reacciona, demostrando mayor capacidad de elocuencia que ella: "la temperatura en MDP es de 21 grados". En esta ciudad, con esos datos no tenés nada asegurado. Al salir del edificio el portero expuso sabiduría local: "acá tenés que salir con el paraguas y el bronceador".

Shopping Los Gallegos:
el triangulo de las
bermudas color caqui.
Llegamos al cine un rato antes de hora. El lugar era un pequeño shopping en forma de triangulo llamado "Los Gallegos". Las tres cosas me parecieron bien. Quiero decir, los shopines cuanto más pequeños mejor, y también me gustan los gallegos, y ni hablar de mi figura geométrica preferida: el triángulo.

Aprovechamos el tiempo para sacar entradas de los próximos días y entramos a la sala:

Los Modernos: una peli uruguaya, de la competencia latinoamericana. Decían una comedia con temática de jóvenes adultos que están en pareja pero no quieren asumir del todo ciertos compromisos. Había una frase en la descripción que me interesó particularmente: decía algo así como que a esos jóvenes se les enredaban sus miedos y sus fantasías. Quería ver cómo. Y vaya si sucede en esta historia magnífica, protagonizada por uno de sus directores, en plan hago una película honesta sobre lo que nos pasa y sigue siendo cine. De hecho, uno muy bueno.
Cómo olvidar la escena en que Noelia Campo
y Uma Thurman se toman unos mates con Woodie Allen.
Además de la honestidad en el conflicto y su desarrollo, la película era muy graciosa. Una comedia de enredos de relaciones, con planteos existenciales muy reconocibles (si tenés un hijo lo más probable es que tengas que abrocharte un laburo de mierda y dejarte de joder con otras pibas). La podría haber hecho Woodie Allen, si fuera un uruguayo de 30 años. La puesta en escena, locaciones, el sobrio blanco y negro, los planos, eran puras soluciones para que la historia y los diálogos fluyan sin estridencias ni interrupciones. Una prolijidad en el lenguaje aplicado que fomenta el desarrollo de lo guionado y la empatía con esos personajes, sus reacciones y posturas ante las diversas situaciones. Aún así, quedó lugar para situaciones fantásticas.
Y el brillo de esa estupenda acriz protagónica que pide premiación al final del festival.
La sala entera se mató de la risa. Los realizadores se presentaron bastante emocionados. Dijeron que venían presentando la peli en Uruguay y España, pero este había sido el mejor público. Yo le creí, porque entre dicha gente estábamos nosotros.

Salimos del shopping y caminamos por la belgrano hacia la playa. Almorzamos en una pecera vidriada llena de ofertones de minutas. Pensé que estos textos deberían llamarse "Crónicas napolitanas con fritas", o simplemente "La crónicas Milanesas", pero mirá si algún día viajo a Milán, Italia, y me da por escribir.
Mar del Plata Film Fest: Festival
Internacional de la minuta al paso

El morfi y el viento nos condujeron hacia una siesta en el depto. Mas tarde veríamos una de la competencia oficial en el auditorio. Nos despertamos medio zombis y bajamos a ver la peli. Llegamos sobre la hora, con el auditorio colmado. Nos ubicamos en uno de los laterales, bastante adelante. Se veía joya.

El poster era
hermoso.
Free Fire: una peli inglesa, que se supone era más canchera e inteligente que las típicas películas de acción porque se supone que los ingleses son más inteligentes que los yanquees y por eso se hacen los cancheros, o algo así. George Constanza diría "eurotrash". En fin, que me llamaba la atención que una pelí así estuviera en la competencia internacional. Además un poco me gustan las películas de Guy Richie y aposotaba que sería algo así. Y más o menos...
Resultó ser una comedia de enredos durante un gran tiroteo. Tenía unos personajes super mega cancheros, de esos que pueblan las series de Netflix. Por los demás, era entretenida. Pasado mañana me la olvido para siempre. Los disparos iban y venían, y sonaban tan fuerte que me hice la idea de que era un buen momento para matar a alguien dentro del cine.

como es arriba es abajo.
Después de la hora y media de ingleses disparándose frases sagaces, nos fuimos a tomar unas birras a un bar. No había nada de viento. Cuando cruzamos la plaza, la fuente apagada que tiene una estatua de Piazzolla al lado ofrecía un singular espectáculo: un espejo de agua super perfecto reflejaba un segundo universo, opuesto al que conocemos, e invitaba a tirarse de cabeza a nadar por el cielo.

Cuando volvimos a dormir, en la oscuridad del dormitorio, me dio por pensar en todas esas pelis que no pudimos ir a ver. Mañana sería otro día, creo.

jueves, 24 de noviembre de 2016

DIA 3 - LUNES 21 - POCAS PELIS Y MUCHAS NUECES

Nos despertamos con seriedad. Mariela me trajo un café a la cama. En realidad casi todos los días me trae un café a la cama. No sólo eso, si no que tuvo la genial idea de traer al viaje un paquete de café colombiano que nos regalaron, y está buenísimo y Mariela es una genia. En fin, que la seriedad de la mañana resultaba de no haber podido sacar entradas para diversas pelis que queríamos ver. Algunas, simplemente, no aparecían entre las opciones del sistema electrónico. Salimos.
Anunciada pero no
proyectada: Macri gato.

Bajamos al cajero y éste le hizo una jugarreta a Mariela. No le entregó la plata, a la vez que puso una placa diciendo que la transacción se había realizado correctamente. Finalmente descubrimos que no le descontaron nada pero subió un poco más nuestro nerviosismo. Fuimos a retirar entradas para las pelis que queríamos ver y la mina de una boletería nos dijo que no habían más entradas para acreditados, pero al mismo tiempo tenían 80 asientos a la venta para NO ACREDITADOS. Además, nos enteró que habían películas que estaban programadas pero nunca habían llegado. Entre esas, El Vampiro Negro, que la queríamos ver si o si. 

¿Por qué no pueden ser como yo?
Volvimos al centro administrativo del festival re calientes. Le rompimos las bolas a varios jóvenes, hasta que penetramos a "La Zona Prohibida". Nos recibió un grupo de pibes macanudos que titubeaban ante nuestros planteos. Apareció, entonces, un hombre de mirada fría, afeitada al ras, y voz monocorde pero firme. Era un CEO. Todos le temían. El CEO nos barajó de toque. Nos preguntó con seriedad qué queríamos ver, hizo anotar nuestros nombres y obligó a sus esbirros a hacer un par de llamados. Yo intenté explicarle que el problema no era individual, si no colectivo. Que esto mismo le estaría pasando a mucha gente. Por último, le dije que si se me complicaba ver la peli de Oliver Stone, lo mataría. Bah no, que me mataría yo. Quiero decir, que me querría matar.. El CEO recalculó, frunció el ceño como si fuera humano, y un milisegundo después recompuso su estirpe robótica: "si tenés problemas para las entradas de Snowden, vení a verme" acotó. 

De vuelta en la calle marplatense, fuimos a buscar el auto. Condujimos hasta la siguiente película, en el estúpido Paseo Aldrey. El festival me estaba alterando, pero algo del lunes tuvo sabor a relajante muscular. Por empezar, la siguiente película.

Soñando despierto o viendo
cine sonámbulo.
Blue Velvet Revisited: Hay una película que me gusta muchísimo. Se llama Blue Velvet, escrita y dirigida por David Lynch y es del año 85 u 86. Cuando la rodaron, tuvieron la visita de un joven alemán que fue a registrar todo con su cámara super 8, a color y con tomas de sonido. Registró muy bonitas imágenes del proceso de rodaje, incluyendo actores, técnicos, locaciones, puestas en escena, y algunas desviaciones laterales del asunto. Lo que montó fue algo muy hermoso, con ritmo meditabundo, casi de ensueño. Con música de Tuxedomoon y John Foxx, interpretando unas piezas de experimentación serena, viajera e hipnótica, y algunas voces que le daban a la totalidad del asunto un toque un poco más narrativo, la película te hacia transitar por la experiencia creadora en cine, por su costado más artistico-humano, más sensorial. Fueron como dos horas super relajantes de oscuridad y butaca, en las que imágenes y sonidos te metían en un sueño lúcido o una parálisis de sueño.

Cuando salimos de la sala y caminamos por el Shopping, me acorde del señor Burns diciendo "les traigo paaz".

La Torreta marplatense
Mario Bross visita seguido la Torreta
La siguiente película sería a la noche, en otro cine. Entonces fuimos a conocer la famosa Torre Tanque. Se trata de una construcción en una loma bien alta de la ciudad, que tiene una torre más alta aún, que alberga nose cuantos cientos de miles de litros de agua. Es una edificación antigua, hecha con piedra Mar del Plata, que parece el córner de un "castillo" (que me disculpen la gente culta). Entramos y subimos a conocer por un ascensor antiguo de esos todos enrejados. Arriba hay una especie de mirador fue muy grato conocer. Cuando subimos había un contingente de escolares visitando y sacándose fotos. La estaban pasando joya y se portaron muy bien. Sacamos fotos. Luego bajamos por las escaleras, que eran de lo más curiosas.
Mar del Plata desde el mirador
el mirador desde el mirador.


Parece obvio pero por las dudas aclaro:
este es el interior de la Torreta.
Después de la Torre Tanque manejamos hacia los acantilados. Pasamos por el puerto, y me quedé con ganas de saludar a los lobo marinos. Si me voy de MDQ sin saludarlos no me lo voy a perdonar. En la zona de acantilados divisé varios lugares aptos para deshacerse de un cadáver. El viento y el día gris perfeccionaban la imagen de esa idea. Por suerte nadie nos mató ni tuvimos que matar a nadie. Bajamos a la playa y Mariela encontró algunas piedras de relativo valor. Yo saqué algunas fotos. Un tractor estaba haciendo de las suyas con lo que quedaba de la estructura de un viejo balneario construido en vertical, sobre un rocoso acantilado.

Una de suspenso: los acantilados.
De vuelta en casa nos alimentamos con algo y nos dormimos un rato. La siguiente película, en el Ambassador, era, dentro de todo, la que habíamos podido conseguir "de última".

Actor Martinez: el interés por este mamotreto surgió porque el librito hablaba de una comedia, en la que un actor quiere ser famoso y cae en las garras de dos directores que tendrian otros planes para él. Cine independiente, yanquee, nuevo. Podría funcionar. Resultó ser la más idiota de las formas de bullying audiovisual jamás proyectada en un cine. Es decir, volvemos al explotation, pero esta vez, aún más extremo que las otras. Acá los petulantes directores te querían hacer creer que, la sola documentación (ni siquiera un documental) del proceso de hacer trabajar a un pobre tipo de actor, sería algo experimental que borra los límites de la ficción y la realidad, o que al menos podría ser interesante, o gracioso. Una vez más, lo gracioso pasaba por reírse del actor desocupado (e incluso latino) confundido en lo más hondo de su miserable existencia. Más que interesante, la idea era idiota y desagradable: sólo se ponía de manifiesto la diferencia de clases entre el actor contratado y los directores contratantes. Y, respecto al posible carácter "experimental" de la cosa, era una gran huevada: no había límites borrosos entre ficción y realidad, porque no había ficción alguna.
ex víctima y actual victimario
del bullying. Si, con esa cara.

Al terminar la función el imbécil que "hizo" esta cosa se paró enfrente de todos a responder preguntas. Cabe destacar que mucha gente se mató de risa y aplaudió. Me animé a levantar la mano y preguntarle al tarado si no creía que el resultado final era una película que sólo ponía de manifiesto una diferencia de clases y nada más. El tipo sonrió somo si estuviera diciendo algo gracioso, y dijo "si". Después agregó un justificativo de lo más curioso: "el actor nos pidió hacer la película". Yo me acordé que hay ciudades en los que niñas ofrecen su cuerpo por dinero a los viajantes. Cuando salía un pelado me dijo: "eh, yo le iba a hacer la misma pregunta... porque soy sociólogo".

Cenamos de madrugada en uno de esos abierto 24 hs. Pasó caminando el director infeliz aquel y me dieron ganas de increparlo en medio de la noche bonaerense. Venía escoltado por un gorila cocainómano que tenía corte de pelo militar, músculos en el cuello y no paraba de hablar. Decidí mantenerme sumiso. Por suerte estaba con Mariela. Esos momentos son los peores para sentirse solo, porque el mundo se despliega como un sitio cruel, y uno tiene la sensación de ser loco sin estarlo. ¿Quien podría entenderme, si cago a trompadas a un director de cine yanquee en el transcurso de un festival?

Antes de volver a casa dimos unas vueltas con el coche. Estábamos medio manija y nos mandamos hacia el "Punto de Encuentro". Mariela se fue al baño. Delante mío cruzó el pelado que me había hablado en el cine. Le dije "eh sociólogo, ahí está tu director", y señalé hacia un costado. El director estaba recostado cancheramente contra una baranda y hablaba con unas minas. Trago en la mano, media sonrisa clavada. El Pelado dijo "vamos a cagarlo a trompadas"; y intenté prevernirlo: "ojo, tiene un nazi que lo proteje". El pelado cambió su cara cuando oyó la palabra "Nazi" y avisó: "yo soy de Tel Aviv, bah soy de Ahedo pero viví en Tel Aviv".

El "Pelado de Tel Aviv" demostró estar bien dispuesto a pelear contra un nazi. Nunca pasó. En cambio apareció un viejo conocido que siempre da mucho gusto ver: Naza. Quería charlar con él pero el Pelado de Tel Aviv era un interlocutor implacable. Nos contó que vio el estreno de Matrix en un cine de Nueva York sin saber de qué se trataba. Además de Israel, conocía muchos lugares.

Actor famoso llamando a su hembra
Había algunas minas agitando la pista de baile. Apareció un actor "famoso" y se introdujo. Era bastante enano como todos los famosos. Miró una a una a las chicas de la pista mientras llevaba a cabo una danza de apareamiento. Un espécimen femenino "atendió" el llamado y se le colgó del cuello. El actor no necesitó más. Nosotros tampoco. Terminamos nuestras birras y a la cama. Antes, sacamos entradas para las pelis que veríamos en el futuro...

martes, 22 de noviembre de 2016

DIA 2 - DOMINGO 20 - CONURBANO EXPLOTATION


Aldrey, cara de Museo
corazón de shopping.
La "joya" del día sería una de la Competencia Argentina, recién a las 16, en el shopping Aldrey. Bajamos a almorzar a un restorán muy fino y bastante barato que hay al lado del depto. Obtuvimos el WIFI que uso para publicar todo esto. Hicimos fiaca y elegimos ver otra a las casi 22, también de la Competencia Argentina, en el mismo shopping. Por fuera del cine, fue un día a pura fiaca, con un clima re choto y ventoso que obligaba a guardarse.

El shopping "Paseo Aldrey" es, como todos, un lugar espantoso con patios de comidas, guardias de seguridad y lleno de gente paseando que merece morir mañana, si no es que ya estamos todos muertos y no nos queremos enterar. Aún así, sus salas de cine son las mejores.

El temible Gitano! jefe de la barra.

No sabés con quein estás hablando: una comedia de aventuras, bien rodada, con suficientes peripecias y ritmo como para sostener interés y diversión. Sólo que a nosotros no nos divertía. En los papeles parecía interesante: una fábula del conurbano sobre un tipo de veintitantos, que vive con la madre, juega a la play todo el día y labura volantiando para un mafioso local; que se topa con un viejo chanta que le propone un plan para estafar al mencionado mafioso. En el cine, resultó una ficción conurbano explotation. Una muy buena, seguramente, porque la gente que llenaba la sala se moría de risa cuando escuchaba palabras como "Laferrere" o "agarrame la chota".

Hay varias cosas que me embolan del Conurbano Explotation, pero la que más, es la repetición del mismo chiste: cuán berreta es el cornubano. Al protagonista le brillan los ojitos y dice "ese cochazo es una nave!", y el siguiente plano es el de un Fiat 125. El protagonista pone cara de pajero y dice "esa mina está buenísima", y el siguiente plano es de una mina medio grandota, mal pintarrajeada dentro de una ropa diminuta. Vale decir, por otro lado, que había mucho cariño en esos personajes, pero es que el conurbano, por sí solo, no me parece gracioso. Quiero decir, no más ni menos gracioso que cualquier otro lugar puede ser. Deberían haber visto la pinta del mamotreto sodomizado por las modas que se sentó al lado, y no paraba de reírse cada vez que un personaje del conurbano pronunciaba mal una palabra en inglés.

Por otro lado, también estaba el tema de que, aparece una tía vieja con un caniche, y el protagonista sin querer se lo mata...
el viejo trinomio:
vieja - perrito - asesino inocente.


Al margen de esas relfexiones, me parece que la peli es muy buena en un sentido tal vez más importante: a un ritmo entre risueño y vertiginoso, te mete en un universo de lugares, personajes y situaciones tan compacto y bien realizado, que la historia fluye como un torrente que penetra tu cabeza, en la oscuridad de la sala.

Salimos desilusionados e hicimos la de tapar la angustia con helado.  Yo pedí un vasito medida "grande", pero era realmente chico. Lo hacen para tapar la segunda categoría, llamada "chico" que es un chiste que cuesta 40 mangoles. Mariela se compró un helado en palito muy simpático, que tenía forma de pie de felino bañado en chocolate. Había otros helados con formas llamativas: minions, barras de chocolate, yin yanes, etc. Después bajamos al patio, en donde hay una escultura de una gorda recostada boca abajo. Es increíble como los millonarios, por más guita que gasten en arte y decoración, terminan haciendo que todo se vea feo y estupidamente sin sentido. Creo que esa es la sensación más fuerte que te deja el Paseo Aldrey.
Qué significa esto?

Al lado del patio, tiene un salón como de exposiciones, en donde había una muestra de vestuario de cine de diversas épocas. Vimos algo que tenía Lolita Torres en no se qué película, lo que vistió Graciela Borges en Cannes de no se qué años, y el majestuoso atuendo que usó la gran reina intergaláctica Mirta Legrand de Tinaire durante el holocausto o algo así. También habían dos autos antiguos y, escondido detrás de columnas y en un lugar medio inllegable, un cuadrito del Papa Francisco. El mejor papa del mundo. El papa peronista. El papa que Mirta Legrand y todos sus secuaces tienen adentro.

Nuevamente en casa, nos metimos milanesas en el cuerpo. Escribí y me bañé, pero por separado. Mariela durmió una siestita para estar pila pila. Y volvimos al antro del Mal, llamado Paseo Aldrey, para ver la segunda peli del día, también de la competencia argentina.

Los Ganadores: pensaba que veríamos un documental, sobre la cultura de las entregas de premios, retratado con comicidad y bordeando lo antropológico. Estaba convencido de que sería como aquella peli llamada "Balnearios" que es genial y se la recomiendo a todo el mundo. Bueno, resulta que nos topamos con más del denominado "Conurbano explotation". La película no trataba sobre las premiaciones en sentido amplio, ni tampoco abordaba la cuestión antropológicamente, si no más bien, era uno de esos documentales de supervivencia, en el que los realizadores y su intención de terminar un largometraje aparece bien patente ante los ojos de los espectadores. La "explotation", en este caso, llegaba un poco más lejos que la peli anterior, al no tratarse de una ficción. Quiero decir que acá las víctimas fueron reales y no conceptuales. El chiste de "qué berreta es el conurbano" (en este caso, representado por un matrimonio que tiene un programa de tango en una radio local y organiza una entrega de premios culturales en un club de barrio) pasa a ser bullying real. Entre todo eso, la peli ofrecía algunos momentos lindos, retratando gentes humildes aferradas a ideologías o sueños copados, pero más que nada resultaba una gran burla a todas esas personas.

Al finalizar la película el realizador se presentó ante el público y respondió preguntas. Las cuales, mayormente, hacían referencia a "cómo habían reaccionado las personas retratadas...". Es decir, si no lo quisieron cagar a trompadas. El director, primero, dijo que a él le interesó genuinamente lo que pasaba en una entrega de premios, que además del ridículo explotable como documental cómico habían cosas muy emocionantes y profundas. Pero es que su peli era casi todo bullying. Después dijo, con otras palabras, que todas las entregas de premios eran la misma huevada, no importa si son para programas de radio locales o los Martínes Fierros. Supongo que tiene razón, pero su película no lo expresa ni por asomo ni hace referencia a entregas de premios "más importantes". La gran hipótesis que se expone es "mirá qué ridículos son los don nadies cuando juegan a ser importantes".

Galanes de barrio o Robertos Galanes

Aún así, la segunda mitad de la película, es un registro muy bonito y bastante gracioso de la aludida entrega de premios. Lleno de personajes y discursos chispeántes, románticos, o de lo más curiosos, y siempre fascinantes. Un tipo que tenía un programa radial de citas amorosas, ostentaba el record de haber "armado" como 615 parejas "comprobables". Me hizo sospechar que se podría hacer un documental sobre cada sujeto que mostraba la película.
Volvimos caminando soportando el traicionero clima marplatense. Refunfuñando un poco y debatiendo un plan para vengarnos de todos estos cineastas que hacen del bullying su principal modo de lograr componer un largometraje. Mañana sería otro día, con otras pelis, y tal vez ir a conocer al Torre Tanque famosa en MDP...

lunes, 21 de noviembre de 2016

DIA 1 - SABADO 19 - DE LLENO A LA COSA.

La festimanía en auge.
Me desperté exaltado. La sensación de que el Festival y todas sus películas se me escurrirían por entre los dedos me ponía nervioso. Sin desayunar, cruzamos hacia el Hotel Provincial donde se ubican los sectores de informes y la cuestiones administrativas del Festival.

Compramos acreditaciones, pero para que estas empezaran a correr había que esperar la actualización del sistema. Nos metimos a desayunar en el barcito de la esquina. Buen augurio: en una mesa contigua desayunaba una vieja muy parecida a Woodie Allen. Me senti bienvenido.
Señora Woodieforme
Decidimos mandarnos al cine Ambassador, a ver si podíamos pagar entradas para lo que sería nuestra primer película, y así lo hicimos. En la peatonal cruzamos padres divorciados llevando a sus hijos a los fichines, y vendedores de regalerías autóctonas saludándose con empleados de casas de alfajores. 
El cine Ambassador ofrece un diseño demodé muy bonito y algo kisch. Hay dibujos y fotos de famosos, además de esas terminaciones alla "Chicago" en su arquitectura. Las fotos que Mariela identificó con Evita y Kennedy eran, creo, Marilyn y James Dean.
Cines eran los de antes
El noble Ambassador.



A Cugat le cuelgan las maracas.
Sexo, Maracas & Chihuahuas: documental, hecho por un Catalán, sobre el músico coterráneo Xavier Cugat, archiconocido maestro de orquesta del Hollywood clásico. La película carecía de buenas entrevistas, pero la biografia era suficientemente interesante y mediática como para sacarnos a pasear por el universo glamoroso de un Hollywood de antaño, en que la latinidad tenía más que ver con erotismo, y músicas, sabores o placeres exóticos, que con un ideario de narcoguerrillas o villamiserias estadounidenses. La peli hizo hincapié en las conexiones de Cugat con muchos capos de la historia yanquee del siglo XX: Sinatra, Rita Hayworth, Woodie Allen, Al Capone y todos los presidentes estadounidenses. Pero se ve que el realizador no contó con mucha llegada, ya que casi no tenía declaraciones de ninguno de ellos. Algo chocante era que la biografia se contaba en "matrimonios", sin explicitar algo que a la luz de las actuales nociones de género vislumbramos: se hablaba de un señor picarón, pero se veía más bien a un viejo machista, pajero y casi pedófilo, que supo abusar de la impunidad que le otorga el star system a sus campeones.

Por otro lado, la música de Cugat era buenísima, y de lo más curiosa. Este link te lleva a su maravilloso sonido de orquesta de jazz latino, y universo lounge de cocktails, glamour, estudios de cine, actrices-modelos, chihuahuas, viejos excéntricos, etc etc...

Minujín = Alfajores + Arte.
Salimos del cine y pasamos a retirar nuestras credenciales. De vuelta en casa almorzamos verduras y queso. Mariela en forma de ensalada y yo de sánguche. Se inició entonces el conflicto por la adjudicación de las respectivas entradas. Una sub trama de estas crónicas que merecería un relato aparte. Que hay entradas, que no. Que el sistema no responde. Que no está hecho para celulares. Que la película que queremos ver no aparece en las opciones de la interface. Después de un rato, te las arreglás para ir a ver algo, pero es un combate que te deja bastante estresado. Finalmente decidimos tomar el colectivo hacia el Museo de Arte Moderno para ir a ver una de la sección Film Noir.

Ehh ¿Por qué era que
estábamos peleando?
Acorralado: lo que parecía ser una joya del cine negro (le tengo mucha fe a los programadores) resultó ser un bodrio de casi dos horas en los que un tipo entraba a una habitación, se encontraba con alguien y dialogaban. Una y otra vez lo mismo. Cambiaban las habitaciones, los tipos (a veces) y los diálogos. El personaje principal tenía algunas buenas salidas de tipo duro a lo Glenn Ford en "Los Sobornados", pero más allá de eso, no había ninguna gracia. Para colmo, las traiciones y dobletraiciones dialogadas se enroscaron tanto, que no había forma de disfrutar la intriga. Mariela más tarde confesaría que cabeceó del sueño y otra persona la vio, con lo cuál, hizo un esfuerzo por mantenerse recta mirando la pantalla. Yo no se lo dije pero me pasó lo mismo. Acorralados.

Volvimos caminando por la rambla, sacando fotos y fumando cigarrillos. Fue un día muy soleado y había muchísima gente paseando su perro, haciendo footing, tomando birra en patota, andando en skate o derivados, teniendo citas amorosas. En las playas las gentes tomaban sol y mates. El atardecer y los edificios se turnaban para imponer distintas luces y temperaturas sobre los cuerpos. Al llegar, compramos una tarta de acelga y subimos a comerla. Mariela durmió, yo empecé a escribir esto. En un rato bajaríamos al Auditorio a ver una muy esperada de la competencia oficial, y nuestra tercer película en el día.
haciendo la horizontal.
Ramblanding en cueros.
los molinos estos.




vamos negro vos podés!
 Moonlight: en un barrio picante de Atlanta (creo) un negro flacucho de 10 años, sin padre y con madre paquera, intenta sobrevivir al bullyng violento y a los destratos de esa madre. Un dia se esconde en un aguantadero y es hallado por un negrote rudo que se apiada de él. Así empieza este drama social, con la lupa bien pero muy bien puesta en ese negrito atrapado en unas circunstancias inexorablemente trágicas. Una gran película con dos cualidades destacables: momentos muy emotivos (con diálogos enormes), y un estilo visual muy refinado que, sin atentar contra la crudeza o el realismo, compone unas fotos hermosas. 

Titular tu obra fotográfica "Luz de Luna" es osado, pero Moonlight resplandece y sostiene tal pretensión.

Salimos del auditorio caminando y, casi por inercia, fuimos hacia el "Punto de Encuentro" del festival. Era en el parador Torreón, había una mezcla de chabones re modernos con gente mucho peor vestida que la gente normal. También un salón con luces, un DJ que ponía temas malísimos pero los empeoraba con sus remezclas y una barra con tragos exóticos que en los papeles parecían muy buenos (ron con jengibre y no se qué más), pero en realidad carecian de alcohol. Pedimos dos de esos y al lado nuestro unas minas pidieron Whisky. Me sentí un idiota. Terminamos los tragos y nos fuimos antes de que toque Palo Pandolfo.

En casa planificamos las películas del día siguiente y nos fuimos a dormir. A pesar de las dificultades para hacer funcionar nuestras acreditaciones de $350 pesitos, la hicimos bien, combinando competencia oficial, cine clasico y documentalismo. Festival, de lleno.

A propósito de la luz de luna, me despido con una canción: Moonlight Feels Right, de Yukihiro Takahashi. Sta mañana. 

domingo, 20 de noviembre de 2016

DIA 0 - VIERNES 18 - IDA

sentís la manteca tibia que se derrite en tu paladar cuando
te acordás de esas medialunas.



Sin mucho que contar. Salimos manejando siete y pico de la tarde y llegamos a las 12 de la noche. Nunca había manejado por ruta 2 hasta Mar del Plata. En un Atalaya nuevo que pusieron en un paraje llamado "Guido" comimos unas milanesas. Oleadas de gentes llegaban cada tanto en micros, y hacian laburar a los vendedores. Para retomar la ruta me compré un café portátil. En el sector cafetería sonaba una música re loca. Se lo comenté al pelado que atendía y, mientras preparaba el café dijo "si, porque yo estoy re loco", y me aclaró que lo que sonaba era Camel, "...una banda de rock progresivo". Saludé y me fui. Durante todo el viaje estuvimos escuchando el disco "Padlock" de Gwen Guthrie y otras cosas que le hubieran volado la cabeza al tipo de la cafeteria.


Finalmente entramos a Mar del Plata, de noche, deslizándonos en el auto.